Aun faltaban unos días para que oficialmente comenzara el verano, y ya nos había llegado la primera ola de calor. Los días eran insoportables y las noches una verdadera tortura.
Sumergidos en la ola de calor, amaneció un día con un cielo plomizo, el sol estaba perezoso y apenas se veía su resplandor. El bochorno que nos acompañó a lo largo del día no nos dio tregua y se hizo inseparable compañero nocturno.
Me acosté en la cama cuando la luna llena coronaba la oscura noche, con la única idea de dormir y descansar. El calor de la noche y el que bullía en mi interior me inquietaban tanto que recorrí la cama de a lado buscando como calmar aquel calor sofocante que se había adueñado de mí.
No recuerdo en que momento cerré los ojos y comencé a soñar, pero lo que sí recuerdo con pasmosa nitidez fue el sueño erótico que tuve.
Recuerdo un encuentro entre él, el chico al que acalle con un beso, y yo. Habíamos quedado al final del paseo marítimo. Era verano y aunque el cielo estaba sin su reina, resplandecía igualmente. La ausencia de las nubes hacía que pudieras contemplar los minúsculos reflejos de las estrellas. Ibamos caminando hacía una pequeña cala para dejar atrás las luces artificiales y contemplar las estrellas.
Lo recuerdo sentado en la tibia arena, con el cuello estirado hacía atrás. Mientras él se perdía en el infinito firmamento, mi mente y mi curiosidad se apoderaron de mí. Me arrodillé entre sus piernas y cuando él quiso darse cuenta, yo ya le estaba bajando los pantalones. Mirándole pícaramente a la ojos tan solo le dije, que no hiciera nada... que se dejara llevar.
Con decisión y sin compasión le saqué toda la ropa, dejando a la vista aquello que ellos tanto querían, su pene, su verga o como lo llaman vulgarmente, su polla... Era la primera vez que lo veía al natural. Tenía tanta curiosidad por conocer su sabor, que acercándome a su pene flácido me lo metí en mi boca. Como no le encontraba el gusto a su polla seguí chupando. Chupaba, absorbía, y mi lengua jugueteaba con su polla. Mientras conseguía que aumentara de tamaño, sus quejidos iban en aumento. Noté que ya no crecía más, pero lo que sí noté es que a medida que más chupaba, que lamía más, más dura su polla se ponía... y más jadeaba él.
Agarré su polla con mi mano mientras poco a poco la iba introduciendo en mi boca. Me movía despacio, lentamente y poco a poco fui aumentando el ritmo hasta que se puso dura. Note su dureza en mi lengua y me gustó, me gustó tanto que seguí lamiendo como quien lame un chupa-chups de su sabor preferido. Entonces él gimió fuertemente y grito.
Noté un líquido caliente en mi boca, su semen. Su semen inundaba mi boca y relamiendo el glande, recogiendo cada gota de su semen, me lo tragué todo, no sin antes saborear el preciado tesoro obtenido... un dulce pero salado tesoro.
Me desperté inquieta, sudorosa y excitada. Los rayos del sol se colaban por los ahujeritos de las persianas, miré el reloj, las 7:30, en casa la actividad comenzaba a notarse. Me levanté y me encaminé a la ducha recordando todo lo que había soñado y pensando que aunque solo fuese un sueño pronto se haría realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario